lunes, 21 de noviembre de 2011

Concepto de Ilusiones Opticas

 
Ilusiones ópticas

…El ilusionista charla por los codos
cuando viene el momento de apuro:
es increíble lo que atrae la voz humana...
“Las muerte del Padre Metri”
                                                                       Leonardo Castellani
Las ilusiones ópticas —figuras, objetos o sucesos que no son lo que aparentan al ser percibidos— han tenido y tienen todavía importante papel en las bellas artes, en matemáticas, en psicología e incluso en filosofía. Los antiguos griegos deformaron las columnas del Partenón con el fin de que parecieran perfectamente rectas al ser vistas desde el suelo por la gente. En sus grandes obras murales, los pintores renacentistas solían distorsionar las figuras con objeto de que, miradas desde abajo, parecieran ser de proporciones normales. El interés de los matemáticos por las ilusiones ópticas se debe a que muchas de ellas guardan relación con la perspectiva (una rama de la
geometría proyectiva) y con otras cuestiones geométricas. Los
psicólogos estudian las ilusiones para saber cómo interpreta el cerebro los datos que le llegan a través de los sentidos. Y los filósofos de diversas escuelas de realismo directo, que mantienen que nosotros percibimos objetos reales externos a nuestras mentes, tienen el problema de explicar cómo pueden entonces presentarse errores de percepción.
Consideradas en su aspecto menos serio, las ilusiones visuales son, sencillamente, divertidas. Disfrutamos sabiéndonos engañados por ellas, por motivos que no se diferencian mucho del placer de ser confundidos por un ilusionista. Las ilusiones nos recuerdan que el ancho mundo exterior no siempre es lo que parece. Analizaremos a continuación unas cuantas ilusiones ópticas no demasiado conocidas, que exhalan todas ellas fuerte aroma matemático.
Los procesos de que el cerebro se vale para interpretar los datos visuales son tan complejos y poco conocidos, que no es milagro que en sus explicaciones los psicólogos mantengan opiniones divergentes, cuando no contradictorias, incluso para las ilusiones más sencillas. Entre las más clásicas están el aumento aparente del 
sol, la luna y las constelaciones cuando están cerca del horizonte. Edwin G. Boring, de la Universidad Harvard, escribió numerosos artículos explicando que la «ilusión de la luna» se debe fundamentalmente a la acción de alzar la mirada. Una opinión diferente, que se remonta hasta Ptolomeo, es defendida por Lloyd Kaufman e Irvin Rock en su artículo «The Moon Illusion», en
Scientific American de julio de 1962. Su teoría, basada en el efecto
de «distancia aparente», es a su vez refutada por Frank Restle en un
trabajo publicado esScience del 20 de febrero de 1970.
La opinión actual es que casi todas las ilusiones ópticas se originan en el cerebro, cuando éste va explorando su memoria en busca de lo que Richard L. Gregory denomina «la apuesta óptima», es decir, la interpretación que mejor explique los datos visuales a partir de las experiencias acumuladas por el cerebro. Tal punto de vista está sustentado por el reciente descubrimiento de que muchos animales, entre ellos aves y peces, sufren ilusiones que podrían ser explicadas de esta forma, y también, por trabajos de antropología en culturas marcadamente diferentes de la nuestra. Los zulúes, por ejemplo, viven inmersos en un mundo de formas redondeadas. Las cabañas son redondas, y también lo son sus puertas.
Al arar, sus surcos trazan líneas curvas. Raramente tienen ocasión de ver líneas o ángulos rectos, y su idioma no contiene ningún vocablo que signifique «cuadrado». Así nos lo dice John Updike en la segunda estrofa de su poema
 
«Zulus Live in Land Without a Square»:


Cuando los zulúes sonreir no pueden,
ceñudos fingen enojos,
para siempre tener curvas
frente a los ojos.
Y las distancias entre lugares y cosas
se calculan «a vuelo de mariposa» ...


Diversos estudios recientes han mostrado que ciertas ilusiones relativas a rectas paralelas y esquinas en ángulo, figuras que con tanta frecuencia observamos en el mundo rectangular de las sociedades tecnológicamente adelantadas, difícilmente son percibidas por los zulúes. Los filósofos John Locke y George
Berkeley se preguntaron ambos si un ciego de nacimiento que súbitamente recuperase la vista sabría distinguir, sin tocarlos, cuál de dos objetos era un cubo y cuál una esfera. Locke y Berkeley respondieron que no. Una obra de Gregory, Eye and Brain, resume estudios recientes en esta misma dirección, y aunque no se llega a conclusiones tajantes, sí parece dar la razón a aquellos filósofos, aportando de nuevo pruebas que justifican el enfoque moderno, a saber, que casi todas las ilusiones ópticas se deben a que el cerebro interpreta erróneamente los datos que recibe.
El descubrimiento de figuras «indecibles» ha suscitado nuevos y entretenidos desarrollos en la teoría de las ilusiones visuales. Las figuras indecibles representan objetos que no pueden existir. La mente, incapaz de encontrarles pies ni cabeza, queda sumida en un estado de curiosa perplejidad. (Son figuras que recuerdan proposiciones indecibles, como «Esta proposición es falsa», o «No te lo pierdas si puedes».) Entre las figuras indecibles, la más conocida es el notable «blivet» (que un americano pronunciaría casi igual que «believe it», «créalo») de tres columnas (¿o sólo dos?) que vemos en la Figura 1. Las primeras versiones empezaron a circular entre ingenieros y proyectistas hacia 1964, y la portada del número de marzo de 1965 de la revistaMad mostraba a un Alfred E. Neuman sonriente y haciendo equilibrios con el blivet sobre su dedo índice. Roger Hayward ha publicado un artículo sobre «Blivets: Research and Development» [Investigación y desarrollo de los blivets] en The Worm Runner's Digest (diciembre de 1968), donde presentaba algunas variantes.